Y como todo aquello que aparece de repente llegará un momento en que no sepamos el cómo ni el cuándo. Pero es normal, es lo que hacemos siempre, es un denominador común en nuestra mente. No recordamos bien los comienzos, y cuando los recordamos aparecen como una bruma a medio diluir que se disipa sin que nos demos cuaenta haciéndonos confundir los recuerdos y los adornos que nuestra mente aplica mientras estábamos recordando.
Yo aún recuerdo mi comienzo, ¿cómo no recordarlo? Fue hace una semana y media cuando me mudé a esta ciudad después de haber aceptado el trabajo. O fue hace un dos meses cuando volvimos del viaje que cambió nuestras perspectivas, o al menos cambió las mias. O fue en aquella estúpida fiesta de despedida que más bien fue de bienvenida a todo lo que se me caería encima. Como decía antes... no sé muy bien el cómo ni el cuándo... Tal vez es que realmente no es importante, y lo que realmente nos importa es el ahora. Al menos a mi me importa, aunque al lector que me acompañe en mi travesía probablemente me agradecería una pequeña introducción, algunos datos que lo sitúen, o les ayude a saciar esa curiosidad que nos impregna de forma natural; eso que en aquellos añejos seres llamados libros adoptan el nombre de prólogo. Esto no es un libro, así que no tiene prólogo. Mala suerte.
Partiremos directamente del ahora, del sonido constante de mis dedos presionando las teclas de mi portatil acunado encima de mis rodillas mientras descanso en mi cama. Con mi pijama nuevo, mis sábanas nuevas, mi dormitorio nuevo, mi piso de alquiler nuevo... en esta nueva ciudad. En realidad la ciudad lo único que tiene de nuevo soy yo, pero ella es toda nueva para mí. Al menos me queda el consuelo de ser mujer de asfalto y adorar el ruido constante del ajetreo de la urbe ciudadana. Echo de menos mi antiguo piso, mi antigua ciudad, mis amigos (que evidentemente no se han mudado conmigo, aunque me hubiese encantado la idea), a Ricardo, o tal vez a él no tanto sino a los masages en los pies. ¿Quién sabe? Yo no lo sé. Al menos no sé al respecto de esto; mientras que si sé otras cosas como que este piso huele raro, es como un olor peculiar, no demasiado denso pero si repetitivo en forma de ola (ahora huele, ahora no, ahora huele, ahora no). No es un olor del todo desagradable, más bien peculiar; no es dulce, no es fresco, es... es... es neutro, es raro al fin y al cabo. Lo solucionaré comprando algún ambientador, uno que haga al piso acogedor, cálido, tranquilo pero vitalista, nada empalagoso. Creo que le pido demasiado a un ambientador. Me decidiré cuando llegue el momento de comprarlo, seguramente después de oler repetidamente todas las fragancias que encuentre en algún establecimiento; medio borracha de esencias varias, sin poder discernir entre unas y otras debido al estado de embriaguez (porque menudo colocón que se coge en estos sitios) será el momento en el que elija al azar y al probarlo aquí no me guste. Lo típico. Siempre podré escudarme en que el problema está en que se funden los aromas del ambientador y el olor natural del piso (ese que era raro) y eso desvirtua la fragancia que yo buscaba... ¡Viva el autoconvencimiento!
Aún debo comprar cosas además del ambientador. Me he traído todas mis cosas, que no son demasiadas; no lo eran en el antiguo piso y ahora tengo más escpacio; aquí parecen cuatro bultos que no se dirigen la palabra y por ello han decidido colocarse lo más lejos los unos de los otros y evitar así confrontaciones durante la conviviencia. Tampoco es que el pido sea un palacio, pero yo lo encuentro demasiado grande para una persona sola. ¿Será el complejo de haber vivido en un cajón de 40m cuadrados estilo IKEA? No me quejo, me lo han "buscado" en el trabajo. Mi secretario lo ha hecho. Suena fashion tener secretario, es una idea que nos hace imaginar que tengo un trabajo como alta ejecutiva en una gran empresa. Una mujer de mundo, con trajes de chaqueta y mucho papeleo encima de la mesa, la blackberry como apéndice principal entre mi mano y mi oreja, y un sueldazo... . Me gusta esa idea, es elegante, es Armani. Quedaros con ella, ya tendreis tiempo de desengañaros con mi puesto real más acorde con la realidad laboral actual y menos cliché de serie del canal Cosmopolitan. Aunque como decía, no puedo quejarme. Estoy muy contenta con el nuevo empleo, si no lo estuviese no me habría mudado dejándolo todo atrás, abandonando temporalmente aquello que conozco, que me da seguridad, que me arrulla entre el calor de los recuerdos. No es que quisera escapar y dejarlo todo atrás. Todos sabemos que esa actitud no es una forma de olvidar. Yo no quiero olvidar, no quiero pasar página y olvidar aquello que ya leí. Mi deseo es memorizar lo leído y acomodarlo en mi mente maquillándolo un poco; dejarlo formar parte de mis recuerdos. Mis recuerdos.
La mitad de los bultos (esos que parece que no se hablan) que hay en el piso son recuerdos. La otra mitad de los bultos aún tienen etiquetas de tiendas de decoración. Son regalos, regalos para empezar una nueva etapa en la que tus seres queridos (amigos, familiares, enemigos con pésimo gusto) quieren tener su hueco y lo demuestran regalándote un jarrón, un portallaves, unos cojines de dudoso color (es como una especia de color topo con brillos tornasol en amarillo y cerúleo = FEIIIIISIMOOOO), un tostador en naranja eléctrico, una lápara de pie hecha papel y pintada con dedicatorias en rotulador permanente por todos esos seres queridos, cómo si fuese una gran escayola de una pierna rota de elefante; un centro de mesa y algunos portavelas de un chino en colores variados y escandalosos. Me "encantan" todos los regalos. Le dan al piso un toque de guardamuebles-casa de empeños-síndrome de Diógenes muy peculiar. Es más, yo creo que el piso tiene ese extraño olor para que vaya a tono con la decoración. Y vuelvo a repetir que me "encantan"; yo nunca huebiese preferido un bote de mi perfume, o una pulsera bonita, o un bono para un spa, o unos zapatos nuevos para ir a mi nuevo trabajo...
El trabajo. Mañana hay que ir a trabajar y hoy ya es algo tarde. lo dejaremos aquí por ahora. No hay prisa, ni tampoco tengo nada mejor que hacer por ahora.
Creo que aquí sería el lugar correcto donde poner el famoso "CONTINUARÁ".
Al salir del trabajo compraré el ambientador.
Muac, Muac de una mente inquieta